Escrito por Gallego el 26 Julio 2006

Cada vez más, tengo la sensación de que cuanto mejor es una película, a un menor número de gente gustará ésta, al tiempo que para la gran mayoría pasa a convertirse en un tostón infumable. Esas películas que te apasionan o las odias, ésas que requieren todo el interés del espectador para no convertirse en soporíferas, ésas son las que a mí más me gustan (estoy así de mal, qué queréis que le haga).

Y “El cielo sobre Berlín”, legendaria película del afamado Wim Wenders, es el mejor ejemplo de este tipo de cine del que os hablo. Para empezar, durante más de la mitad de la película nos encontraremos con que ésta apenas tiene un argumento definible, ni una serie de diálogos que nos expliquen de forma clara de qué trata lo que estamos viendo, salvo alguna conversación puntual. En lugar de eso, nos encontraremos observando las idas y venidas de un ángel por la ciudad de Berlín, quien al igual que sus semejantes, se dedica simplemente a escuchar los pensamientos de la gente corriente, y a reconfortarles cuando así lo necesiten.

Así pues, durante los primeros compases del filme, simplemente nos encontraremos con los pensamientos aislados de los humanos que, sin saberlo, están siendo observados, todo ello rodeado de unas poéticas imágenes y de unas composiciones musicales verdaderamente buenas. Pura poesía cinematográfica, algo tan extraño y diferente, que hará de esta película una obra vedada a un público verdaderamente reducido. El director aprovechará este tiempo para realizar una inquietante y triste reflexión sobre la situación en que quedó la sociedad alemana tras la terrible herida que le infringió la Segunda Guerra Mundial, aunque mantieniendo siempre una base de optimismo en el aire.

No será hasta que el ángel protagonista, soberbiamente intepretado por Bruno Ganz, se enamore de una atractiva trapecista de circo cuando se empezará a desarrollar levemente una pequeña trama, que una vez más sigue siendo una excusa para obsequiarnos con decenas de reflexiones sobre la vida, el amor y el ser humano, tanto por medio de palabras como de imágenes. Cierto es que en ocasiones, dichas divagaciones poéticas más bien se convierten en incomprensibles desvaríos que casi no hay por dónde coger, pero en líneas generales dan lugar a una obra verdaderamente interesante y bella, muy lenta pero gratificante de ver. Por cierto, gracias a Fuste por su recomendación (si no lo decía, íbamos a tener un disgusto xD).

  • Valoración final:

  • Una película plagada de imágenes bellas y reflexivas, con una dirección para quitarse el sombrero, aunque de un ritmo extremadamente lento y melancólico. Para quienes estén dispuestos a pasar por encima de eso, y a disfrutar de una hora y media de un cine verdaderamente artístico, que no duden en darle una oportunidad.

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