Escrito por Gallego el 04 Julio 2006

El hecho de saber que era Andrew Niccol (director de “Gattaca” y guionista de “El show de Truman”) quien estaba detrás de este filme ya lo convertía en tremendamente sugerente para mí. Si le sumamos que la temática tratada es tan interesante y polémica como el tráfico de armas, la cosa empieza a prometer verdaderamente. Y después de haberla visto, puedo decir que no decepciona.

El filme nos pone en la piel de un Yuri Orlov notablemente interpretado por Nicolas Cage, quien nos relatará desde una voz en off su propia y truculenta historia. Perteneciente a una familia de inmigrantes ucranianos en Estados Unidos, Yuri verá en el tráfico de armas el modo más rápido y eficaz de empezar a conseguir dinero y poder, aunque las cosas no comiencen tan bien como él esperaba. Con la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra fría, un nuevo e inexplorado mercado se abrirá ante él: el del robo de las armas abandonadas por los soviéticos para su venta en África. A partir de aquí, la historia nos irá narrando las aventuras y desventuras de este despiadado comerciante de la muerte, quien irá codeándose con los más terribles dictadores y traficantes de las últimas décadas. Aunque no os esperéis la típica defensa y autojustificación de los norteamericanos, porque os sorprenderá ver que también éstos se llevan su ración.

Uno de los aspectos más impactantes de la obra son los cambios de ritmo tan bruscos a los que ésta nos somete de manera constante: tan pronto estamos sufriendo ante una dramática escena, como nos encontramos al siguiente cambio de cámara con un planteamiento cómico y hasta surrealista. En realidad, el director consigue con ello marcar aún más al espectador, hacerle consciente de la barbarie desde un punto de vista satírico. Éste es sin duda el factor más fuerte de una película verdaderamente interesante y dura por momentos, aunque sin necesidad de recurrir a escenas particularmente explícitas para conseguirlo.

En conclusión un largometraje que se las prometía polémico a raíz de lo que había leído de él, y que sin resultar tan tremendista como yo me esperaba, sí que consigue tocar la fibra del espectador y dar que pensar. Creo sinceramente que podría habérsele sacado mucho más jugo a la temática, y aunque el director se moje bastante, no dejas de tener la sensación de que pretende dar una mera lección moral (acertada por otro lado). Sin duda que una mayor profundida en la historia de los protagonistas hubiera resultado de agradecer, pues durante ciertos momentos de la película, ésta no se muestra más que como una sucesión de situaciones más o menos dramáticas pero casi ajenas a la trama.

  • Valoración final:
  • “El señor de la guerra” es una obra que impresiona por el poco respeto que el director muestra a lo que podríamos llamar políticamente correcto, ya que no parece temblarle el pulso lo más mínimo a la hora de intentar poner en su sitio a todos los integrantes del inmenso negocio que es el tráfico de armas, desde los reconocidos como malos, hasta los que supuestamente son buenos. No es sencilla, no es divertida y no es en absoluto para pasar el rato; pero es probablemente la mejor película que se ha estrenado en lo que llevamos de año.


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