Escrito por Gallego el 23 Junio 2006

Cuando leí por primera vez la sinópsis de esta película, me quedé perplejo al descubrir que alguien se hubiera atrevido a tratar de forma abierta un tema tan tremendamente delicado como la pederastia. Está claro que David Slade no ha optado por lo sencillo para su opera primera, pero la maestría con la que todos sus elementos están combinados da lugar a un drama vibrante y espectacular.

El filme conseguirá herir la sensibilidad del espectador, pero no por la temática tratada, sino por el impresionante guión y la suprema dirección, destinadas a conseguir una película capaz de mantenernos en la más absoluta tensión hasta el último minuto. En el momento que la trama arranca, no nos concenderá ni un segundo de descanso, a pesar de que todo gire entre dos protagonistas y un único escenario.

“Hard Candy” nos presenta la historia de Hayley, una chica de 14 años de edad que se cita en una cafetería con Jeff, un adulto 18 años mayor que ella, y al que había conocido unos días antes por el chat. Después de flirtear durante unos minutos, acaban dirigiéndose a la casa del segundo, donde después de tomar unas bebidas, éste cae inconsciente. Al despertar, se encuentra atado a una silla, con la aparentemente inocente chica dispuesta a averiguar qué pasó con Donna Mauer, otra adolescente que desapareció hace unos días en el mismo café en que se citó con Jeff.

A partir de aquí comienza a desarrollarse un filme cuyo mayor potencial está en la soberbia interpretación de sus dos protagonistas, sobre todo por parte de la jovencita Ellen Page. Un impresionante duelo plagado de momentos duros e incluso ofensivos para el espectador, todo ello bajo un guión que no se conforma con caer en los habituales clichés, y que consigue llegar más allá, golpeando salvajemente la moral del espectador. Una película verdaderamente complicada de ver, en absoluto apta para cualquier público, pero que nos brinda uno de los duelos más dramáticos que se recuerdan en los últimos años.

  • Valoración final:
  • No es por casualidad esta película sea la ganadora de los premios a mejor película y mejor guión del Festival Internacional de Sitges. Nos encotramos ante una cinta tan dramática y desquiciante, como espectacular y compleja. Especial mención, una vez más, para la sobresaliente labor de los dos protagonistas.


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