Escrito por Gallego el 18 Diciembre 2006

Portada de 'La agenda de los amigos muertos' En el prólogo que el hermano de la autora realiza a esta obra puede leerse: “Yo daría este libro como lectura obligatoria a los jóvenes, desde la adolescencia en adelante, porque de verdad, cuenta una historia no inventada que muestra lo terrible de la droga”; y ahora que, a recomendación de Fuste, yo también me lo he leído, he de decir que estoy totalmente de acuerdo con la cita.

A pesar de lo que podría deducirse por la portada, en la que se muestra un dibujo que simula ser el de un niño, no es ésta en absoluto una obra infantil, y ni tan siquiera resulta cómoda de leer para una persona ya adulta, pues la fría y descarnada historia que en ella se nos cuenta es capaz de afectar al más insensible. Y todo resulta más dramático aún si tenemos en cuenta que se tratan de los hechos reales de una familia, que por desgracia son realidad en cientos de miles de familias de todo el mundo.

Y es que desde estas páginas, la periodista Raquel Heredia nos cuenta la historia de su hija Ada, una yonqui adicta a la heroína que acabó muriendo de SIDA tras años de sufrimiento, y sin llegar nunca a superar su drogodependencia. La novela relata aspectos verdaderamente íntimos y sobrecogedores de las vidas de todos los que tuvieron que sufrir alrededor de este heroinómana, desde su abuelo hasta sus propios hijos, pasando naturalmente por la propia autora de la obra.

Pero no os creáis que lo que busca la escritoria es provocar el morbo que siempre despierta la desgracia ajena en el ser humano, sino que más bien busca golpear directamente al lector, para hacerle consciente de hasta qué punto las drogas pueden llegar a destrozar la vida, no sólo del propio adicto, sino de familias enteras, que acaban por verse encerradas en una espiral de odio, enfermedad, mentiras y sufrimiento. Y todo ello narrado de forma directa y contundente, sin cortapisas a la realidad, resultando su mensaje así más demoledor aún, si cabe.

Es por ello que comparto la opinión antes citada de que obras así deberían incluirse en los programas de estudios, y no los infumables bodrios que muchos hemos tenido que soportar, y que más bien consiguen alejar a los jóvenes de la Literatura. Además, su lectura resulta rápida (son poco más de 200 páginas, con una letra a tamaño considerable) y engancha desde el primer momento, dejando al concluirlo un sabor amargo pero esperanzador en la boca.

  • Nota ocho con unoValoración final:

  • Como habréis podido deducir por lo que ya he escrito, no se trata de una obra precisamente sencilla, pero sí altamente interesante de leer, invitando constantemente a la reflexión y a la concienciación del lector, tanteando tanto los aspectos más íntimos del problema de la droga, como los grandes intereses políticos y económicos que hay tras ésta. Una verdadera lección que todos deberíamos escuchar.


    Artículos relacionados: