Escrito por Gallego el 28 Mayo 2006

Ante la incipiente necesidad de aumentar sus ingresos económicos, la Unión Europea se encuentra en pleno proceso de captación de ideas con las que poder dar solución a sus problemas. Entre las propuestas que han recibido, parece haber caído en gracia la presentada por el diputado francés Alain Lamassoure, consistente en aplicar un impuesto específico que grave el envío de correo electrónico y mensajes de texto por móvil.

La idea que se baraja en estos momentos consistiría en cobrarnos 1′5 céntimos de euro por cada mensaje que enviemos (dependiendo de las operadoras, es aproximadamente un 10% de lo que ya cuestan) y 0′0001 céntimos de euro por los emails, por lo que la gratuidad de este servicio, una de sus grandes ventajas, pasaría a ser cosa del pasado.

Ya se intentó implantar una tasa similar en Italia el año pasado, pero la idea no llegó a cristalizarse. Y es que en mi opinión esta propuesta no es aceptable en ninguna de sus dos vertientes: por la parte de los mensajes, me parece un incremento excesivo, y más si tenemos en cuenta que actualmente ya estamos pagando con estos servicios impuestos a nuestro gobierno; y por la parte de los emails, me parece que va a ser una fuente de complicaciones y problemas nada más.

Y es que ¿cómo piensan los señores políticos implantar una cosa así? ¿Nos mandaría Microsoft, Google, Yahoo o cualquier otro servidor de mensajería una factura a fin de mes indicándonos el dinero que le debemos a Europa? ¿O serían los proveedores de Internet los encargados de llevarnos la cuenta? En cualquiera de los dos casos, sería fácil buscarse algún truco para no pagar. Además de que el hecho de tener que firmar contratos para el uso de este servicio ocasionaría complicaciones que irían totalmente en contra de la máxima de que el correo electrónico debe de ser algo sencillo, fácil y accesible.

Lo siento señor Lamassoure, pero su propuesta no se tiene en pie. Veo comprensible que Europa busque vías de financiación en caso de necesitarlas, pero lo que no puede hacerse es solventarlas a costa de complicar el acceso a las nuevas tecnologías, cuando precisamente se supone que lo que hoy en día se proponen todos los gobiernos es fomentar su expansión.


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